sábado, 26 de abril de 2014

"Intelligence" en Bolivia ººººº

Las ganas de volver a ver a Josh Holloway, el famoso actor que diera vida a Sawyer en Lost, hizo que me atreviera con el piloto de la infumable serie Intelligence, que no es más que una renovación, en plan digital con chip incluido, de la mujer o el hombre biónicos de los setenta.
Con un argumento de lo más simple que consiste en implantarle un súper mega chip al cerebro del Gabriel Black (Holloway) para hacerlo una mezcla de Arnold chwarzenegger con Brad Pitt y el cerebro de Einstein, y lanzarlo al mundo a defender la democracia estadounidense, que es decir, la democracia del mundo. Donde, para variar, los buenos son buenos y buenorros y los malos son de antología. Claro, los malos somos el resto de la humanidad y si para ello hay que falsear la historia contemporánea, allá vamos.
Demás está decir que a los 15 minutos, que parecieron un mundo, ya había decidido que no quería saber nada de la serie, sobre todo porque venía de ver LA SERIE con mayúsculas, The Wire, y era el equivalente de pasar de un libro de Borges a uno de Coelho. Habiendo tanto por ver, es imperdonable perder un minuto en esta bazofia, pensé.
Pero pasa lo que pasa y a veces te repatingas en el sofá esperando que el sueño se pose suavecito y vas jugueteando con el mando canal p'arriba, canal p'abajo y, de pronto, por esas casualidades de la vida, caes justo al comienzo del capítulo de esta penosa serie que se está desarrollado "supuestamente" en La Paz, Bolivia, y, claro, ahí te asientas para ver cuánto conoce el guionista de tu país.
Lo siguiente es pasarte los 40 minutos siguientes riéndote a carcajadas, porque lo que muestran es una ciudad tropical, con gente en mangas de camisa y con unas casitas de apenas dos plantas, como si estuvíeramos en el Caribe y no a 3.700 metros sobre el nivel del mar y como si La Paz se hubiera quedado anclada en los cincuenta.
La trama iba de un marine traidor que se había pasado al bando del "déspota" (?¡$). Sí, cara de póker se me quedó a mí también, como si en Bolivia padeciéramos una dictadura al mejor estilo Banana de Allen. Pero claro, la película de Allen es una comedia y esto, aunque el resultado es el mismo, pretende ser una serie de espías.
Lo más gracioso fue la parte final, cuando Black iba persiguiendo al supuesto traidor y le previene que está en un campo de minas antipersona puestas por Pinochet... ¡¡Un campo de minas en Bolivia!! Y esto ya es el éxtasis. Si no estás en el suelo revolcándote de la risa tal vez sea porque estás demasiado ocupada intentando arrancarte las venas con los dientes.
Pero, de verdad, en plena era de la informática, del Google Earth, de la wikipedia, ¿todavía hay un guionista que escribe de memoria? ¿o el nivel de información de los gringos (lo digo para estar a tono con la serie) es tan misérrimo que se tragan esta porquería? Lo peor de todo, ¿cómo es posible que Cuatro la compre y la emita en prime time?

1 comentario:

  1. Los gringos piensan que todo Latinoamérica es sólo selva (seguramente se llevaron esa imagen de país selvático cuando promovieron guerrillas allá en Nicaragua en los años 70 y reproducen esta imagen en todas sus series o películas cuando van a alguna región latinoamericana), pero en fin esto me recuerda mucho cuando en un capítulo de la serie Mc Iver que se centraba en España ocuparon a actores mexicanos o latinos viviendo en Estados Unidos para representar a los españoles, siendo que todos eran del tipo mexicano "promedio" (morenos, de rasgos nativos, de baja estatura y bien bigotudos).

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