jueves, 1 de junio de 2017

Being Erica

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Di con esta serie de casualidad. Aparte de Expediente X, nunca había visto una serie canadiense y tampoco me había acercado a una cultura para mí desconocida como Canadá. Tal vez el ser un país tan frío nos tiene a alejados. Incluso cuando alguien decide irse a estudiar al extranjero, es muy difícil que elija una universidad del país más norteño de América. Por eso mismo, Being Erica era un caramelo apetitoso que deseaba probar. Y fue un disfrute.
El argumento es sencillo. Se basa en la pregunta que nos hacemos todxs ¿si pudieras volver atrás, tomarías las mismas decisiones que a la larga resultaron equivocadas? Por un asunto de ficción, en la serie se permite al personaje principal hacerlo. Como no se trata de soltar spoilers a troche moche, no cuento más. Esencialmente porque de lo que se trata es de gozar viendo cómo se va resolviendo la trama, que resulta ser muy creativa en su desarrollo en cada una de las cuatro temporadas.
La cultura canadiense, por otro lado, viene a ser todo lo que deseamos los que deseamos que la sociedad avance respetando las diferencias. Sólo cuando te adentrás más en ella, puedes entender el por qué Justin Trudeau es el Primer Ministro: un hombre respetuoso, ecologista y declarado feminista, muy cultivado y agradable. Lo cierto es que si Canadá es la mitad de lo que presenta la serie, es un país apetecible incluso para irse a vivir, a pesar de los helados inviernos.
Lo más curioso de la serie es el trasfondo budista: la vida es una forma de aprendizaje y para avanzar tienes que estar preparado. Partiendo de la frase de Einstein en las dificultades reside la oportunidad, va desgranando lecciones de vida.
La protagonista Erica es interpretada por la Erin Karpluk, por Michael Riley, que interpreta al sólido personaje Dr. Tom, Reagan Pasternak hace de la poderosa Julianne Giacomeli. Los personajes secundarios son igual de entrañables a partir del primer capitulo en el que aparecen.
La banda sonora demuestra el poderío de la serie, con canciones de todas las épocas y con cantantes que traen un soplo de frescura a nuestros oídos.
Tal vez lo que chirríe un poco, y es que  no hay serie que no se precie de ello, es la abundancia de información sobre la cultura y la religión judía, aunque lo haga desde un punto de vista crítico. Pareciera que los productores judíos no han querido desperdiciar ni una sola serie para dar a conocer al mundo sus fiestas y costumbres, tal vez porque con el asunto palestino el Estado de Israel y sus connacionales y con ello, el judaísmo, no está bien visto. Aunque esa sea la intención, política como es de suponer, llega un momento en que resulta cansino. A ver si el exceso sólo va a conseguir el rechazo por saturación.
En términos generales, le damos el aprobado alto por entretenida y a veces entrañable.

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